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Bajo un continuo proceso de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secretamente y sin ser detectados, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos. J. M. Keynes
Macky Arenas
Macky Arenas *
El trago de Saturno
15 Oct 2009
(AIPE)- Uno de los innumerables autores que ha escrito sobre el nazismo hizo esta precisión: "En la política de Hitler la locura destruye la realidad. Eso es más que una simple mentira en el sentido de la negación de la realidad, y también más que una inducción al error. Ahí está la catástrofe de la libertad". Y es que el sacrificio de la libertad no puede ser sino el producto de la locura, porque nada sano ni beneficioso para el ser humano se construye sobre los escombros de la libertad. Sólo mentes enajenadas pueden pensar lo contrario y esa enajenación termina conduciéndolos a su propia destrucción.

Basta considerar las grandes locuras de la historia, cómo han fracasado las mal llamadas revoluciones. Setenta años de comunismo soviético no sólo no hicieron cambiar ni a la sociedad ni al hombre ruso, sino que están resucitando a un pueblo más religioso y más conservador de lo que pueda recordarse. Hitler, el gran sicópata, prometió un régimen de mil años, pero sólo produjo millones de muertos y su propio dramático final. La cabeza de Robespierre, símbolo de las revoluciones, rodó bajo la cuchilla que él mismo puso a funcionar, pero algo aún más cruel: trajo de vuelta al absolutismo bajo la forma de la demencia napoleónica que anegó de sangre a Europa. Todos con apoyo popular... hasta que se percatan de que el pueblo sólo cuenta hasta alcanzar el poder.

Si miramos hacia la locura contemporánea, allí tuvimos a Milosevic, murió en prisión en el 2006. Tenemos a Fidel Castro, quien lejos de esperar una muerte tranquila de cama y colcha, presencia merecidamente el desmontaje de su infernal andamio. A Mugabe, conspicuo representante de los gorilas africanos; a los iraníes, ese atajo de santones tiránicos; al hombrecito de Corea del Norte, que no puede con el peso del complejo y el organismo le pasa factura; y al ricachón Chávez, que no le llega a la chola a ninguno, razón por la cual se lo pasan de mano en mano como a los muñecos de trapo.

Esas grandes locuras tienen su límite, como el bombazo que cerró la boca de Gadafi, la incompetencia militar que decretó el fin de Napoleón en Waterloo o la anarquía que arrasó con Robespierre y su corte de terror. Es el precio por la conquista y preservación del poder, aún si ello significa, como lo describió el autor Below, "consumir la respiración de los hombres en sus mismas narices, tragándose sus caras como un Saturno". Extraordinaria definición del sátrapa. Porque eso es un autócrata. Los dictadores son la raza más abyecta. El "eje del mal" que acecha a los pueblos. El más despreciable subproducto del género humano. Individuos que se creen su propia mentira, que se compran la falsedad en que viven y arrastran con ellos a naciones enteras. El problema es que mientras le llega su hora -que inexorablemente llega- riegan de dolor, miseria y muerte los caminos de sus patrias.

A nosotros los venezolanos nos están alineando entre los países que hoy representan aquel "Ancien Régime" contra el cual se alzó la Francia de 1789. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de ese año, inspiradora de la única revolución libertadora que ha conocido este país, consagraba la resistencia a la opresión como el objeto legítimo de toda asociación política. La reciente cumbre de Margarita reunión al Eje del Mal, el moderno "Ancien Régime" que pretende colonizarnos. Descuadrarnos es un mandato civilizador.

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* Periodista venezolana.
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