(AIPE)- En la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) escuchamos temas interesantes; asuntos que revisten el más delicado interés para todos los latinoamericanos. En primer lugar, porque el chavismo comienza a tener dañinas consecuencias en otras naciones hermanas y así se desenmascara el populismo autoritario que logra exactamente todo lo contrario de lo que promete.
El ex Presidente colombiano César Gaviria puso el dedo en la llaga cuando preguntó por qué tantos se rasgan las vestiduras en el continente ante el embargo a Cuba, mientras guardan un total silencio cómplice cuando Chávez y su gobierno prohíben el intercambio comercial con Colombia. Así Chávez no sólo impone barricadas a los bienes y productos que circulan entre Colombia y Venezuela, sino que viola flagrantemente la Constitución venezolana y amenaza con una guerra, con la excusa de defendernos de una cantinflesca invasión que sólo anida en su cabeza.
El ex Presidente uruguayo Julio María Sanguinetti -tal vez el único político que va quedando por estos lados con rango de intelectual y visión de estadista- sentenció al populismo autocrático de Chávez y preguntó: "¿Cómo puede un régimen como el venezolano tener algún anclaje y pizca de futuro cuando nada en dinero y no es capaz de dar agua a su gente?"
Obvio es que no puede haber reparto interno si casi todo lo regalan por fuera. Los nicaragüenses reportan un pavoroso flujo de recursos venezolanos hacia su país que no van a parar a las arcas públicas sino a las cuentas personales de la familia Ortega Murillo, detalle que hará impensable que algún día nuestro país recupere algo de la cuantiosa sangría que por allí se nos escapa. Lo mismo sucede con Bolivia, Ecuador y Cuba.
A gobiernos como el venezolano no les conviene una prensa independiente porque es la vitrina donde se denuncia el engaño al pueblo, la incompetencia para resolver problemas, la ausencia de contrapesos al mando unipersonal y arbitrario, la falta de valores éticos y el sabotaje del discurso único. De allí la campaña orquestada por Chávez para desacreditar a los medios que no aplauden su arrogante y arbitrario discurso. De allí la suspensión de licencias y permisos de transmisión, la compra de conciencias, la censura, las amenazas y los monopolios estatales que consolidan la hegemonía mediática gubernamental.
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* Periodista venezolana.
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