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Si usted encarga al gobierno del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena. Milton Friedman
Manuel F. Ayau
Manuel F. Ayau *
Empobreciéndonos
29 Oct 2009
(AIPE)- El progreso que se mide en el bienestar de la población es incremental y precario; ocurre poco a poco, a medida que surgen condiciones y oportunidades de negocios promisorios. Es disparejo, pues las oportunidades no ocurren uniforme y simultáneamente.

No se presta adecuada atención al hecho de que todas las empresas no son igualmente rentables. Unas están perdiendo y pronto tendrán que cerrar. De hecho, de cada diez empresas que se establecen, unas siete ya no existen a los cinco años. Las que vemos son las que sobreviven.

Por eso, cuando se imponen impuestos a las empresas pensando en las más rentables, resultan excesivos para las que no lo son. Por ejemplo, hay minas cuyo mineral es muy rico y hay aquellas que no vale la pena explotarlas porque el mineral es muy pobre. Como no se puede imponer una regalía distinta a cada empresa según la riqueza del mineral, cuando se impone uno muy alto se matan las que son menos rentables pero que también conviene explotarlas porque agregan riqueza al país y a los trabajadores.

Tampoco parece tenerse en cuenta que en un país pobre la gran mayoría de los negocios son pobres y cuando los impuestos se basan en los más exitosos, o en algún promedio, se arruina más a los pobres que a los exitosos. Para progresar no hay que matar los negocios poco exitosos, los marginales, pues es mejor que contribuyan en algo y aumenten la demanda de trabajadores, a que no produzcan nada ni demanden empleo alguno. Un país que trata bien a los negocios atrae nuevos negocios que desplazarán a los malos y así, poco a poco, los malos son sustituidos por mejores.

Se puede impedir el progreso con prácticas destructivas. Y se puede ser destructivo por ignorancia, por ideología equivocada, o por maldad. Como son pocos los perversos, no queda otra alternativa que pensar que la mayoría de las destrucciones son por ignorancia o ideología.

El record de Guatemala no es ejemplar: destruimos tres ferrocarriles, dos empresas de telecomunicaciones, varias empresas eléctricas, varios parques, ahuyentamos maquilas, depreciamos nuestra moneda, eliminamos miles de oportunidades de adopción de niños y varias instituciones privadas de asistencia social, degradamos la educación de la juventud, descuidamos y no hicimos carreteras, arruinamos nuestros lagos y ríos, mantenemos el disuasivo impuesto al rendimiento de las inversiones y hacemos la vida imposible o las impedimos del todo a empresas hidroeléctricas, mineras y cementeras.

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* Rector emeritus, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala.
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