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Raúl Benoit
Raúl Benoit *
Mel y sus camaradas no son santitos
02 Jul 2009
Un hijo díscolo y mal aconsejado por amigos y vecinos pelioneros y maliciosos se reveló en casa y comenzó a cambiar de orden las cosas: la cocina la quiso situar en la sala, el carro lo estacionó en el comedor e intentó llevar a la cama matrimonial de sus papás a los camaradas cómplices del caos.

Cuando los padres y hermanos opuestos a los actos de esa oveja negra decidieron ponerlo en cintura, aparecieron los compañeros del plan, con palos y piedras, e intentaron meterse a la vivienda para implantar su ley a la fuerza.

Manuel Zelaya, el depuesto presidente de Honduras, pretendía disolver el congreso y dar su propio golpe de Estado, con el fin de eternizarse en el poder.

Los catrachos tendrán que indagar a fondo quién estaba detrás de esas decisiones amenazantes y peligrosas de su mandatario. ¿Cumplía órdenes de la mal llamada revolución bolivariana, dadas desde el Palacio de Miraflores en Caracas?

Si Hugo Chávez desde Venezuela, Daniel Ortega desde Nicaragua y Rafael Correa desde Ecuador se confabularon para conspirar contra el pueblo hondureño y la estabilidad democrática de una nación, la trilogía merece una condena internacional.

Ningún mandatario de otro país tiene derecho a interferir en asuntos internos y las actuaciones de estos tres dictadorcitos en ciernes deben ser examinadas y juzgadas por las cortes del mundo.

Ahora quieren hacerlos parecer santitos y víctimas de un complot de la derecha latinoamericana.
Honduras demostró que no es débil institucional y moralmente, porque su gente no se rindió a los pies de malignos intereses izquierdistas. Y no juzgo a la izquierda, sino a quienes pretender adueñarse de esa ideología para satisfacer sus ambiciones.

Por otro lado, hay que mirar con prudencia a los que llegaron al poder a recuperar la democracia. No es saludable políticamente acudir a extremos violentos. Es recomendable cuidar la institucionalidad.

El deber del presidente interino Roberto Michelletti es conducir a Honduras hacia un camino de reconciliación y de esperanza, sin engaños ni trampas.

El pueblo, la oposición y los periodistas catrachos deben mantener los ojos abiertos y los oídos despiertos, frente a los que retomaron el poder. Que sepan que hay fiscalización ciudadana para que cumplan la ley y la constitución.

También hay que estar atentos a los planes maquiavélicos de Ortega, Correa y el emperadorcito Chávez, que en su esquizofrénica manera de creerse la reencarnación del Libertador Bolívar y repartiendo dinero a diestra y siniestra, está poniendo en peligro la estabilidad de Latinoamérica, sin medir las consecuencias sociales y humanas.

A los hondureños, les aconsejo tranquilidad y paciencia frente a estos difíciles momentos que vive su nación.

El ejemplo de la valentía ciudadana y la de ciertos dirigentes hondureños tiene que ser seguido por otros pueblos del continente que parecen adormecidos o quizás esconden el miedo de enfrentar a sus gobernantes, convertidos en sus verdugos.

¡Que tiemblen los discípulos de la escuelita revolucionaria bolivariana, porque la gente está despertando y no permitirá que los vecinos lleguen a apoderarse de la casa y poner desorden, porque saben que ellos no son santitos!

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* Corresponsal internacional de Univisión.
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