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Se puede evadir la realidad, pero no se pueden evadir las consecuencias de evadirla. Ayn Rand
Jaime Daremblum
Jaime Daremblum *
Ortega y Chávez abrazan a Ahmadineyad
25 Jun 2009
Miles de opositores iraníes arriesgan diariamente sus vidas desafiando a una dictadura brutal para denunciar como fraudulenta la “victoria” electoral de Mahmoud Ahmadineyad. La mayoría de los gobiernos del mundo rehúsan felicitar al presidente iraní, evitando legitimar al régimen y desalentar a quienes protestan en favor de la democracia, en las calles de Teherán. Mientras esto sucede, Daniel Ortega, evidenciando su cuestionable sentido de oportunidad y ausencia de convicciones democráticas, le envió una nota de felicitación al "Querido hermano Ahmadineyad", con un cálido cierre: "Con el cariño y admiración de siempre, le saluda su hermano".

Ortega también le extendió “un saludo fraterno y revolucionario, desde este país y esta revolución que vio la luz de la Victoria en el mismo año de 1979 en que Irán se insurreccionaba y se liberaba para fundar la República Islámica y su propia Revolución". Sin duda, Ortega todavía debe apreciar los millones de dólares en asistencia enviados por Irán al gobierno sandinista en esa época. Seguramente por casualidad, esos préstamos nunca han sido pagados.

Con su servil misiva Ortega siguió el ejemplo de su líder, Hugo Chávez. El venezolano se dio prisa en colocarse junto al patético puñado de dirigentes extranjeros -principalmente de regímenes autoritarios- que felicitaron a Ahmadineyad. Chávez aplaudió "una victoria muy grande e importante " del presidente iraní, a la vez que denunció las críticas mundiales a la elección como una "viciosa e improcedente campaña de desprestigio". Antes de la elección, Chávez había calificado a Ahmadineyad como "un combatiente valeroso en pro de la Revolución Islámica, la defensa del tercer mundo, y en la lucha contra el imperialismo".

Que Chávez y Ortega celebren gozosos la “victoria” de Ahmadineyad no es sorprendente: ambos son radicales antiestadounidense que tienen relaciones cercanas con Irán y muy poco aprecio por el contenido de las normas democráticas. Como tuve oportunidad de analizar en detalle en un artículo anterior (“Ofensiva iraní en Latinoamérica”), el régimen de los ayatollahs ha estado ampliando su alcance en América Latina. Sus lazos no se limitan a Ortega y Chávez, sino que también incluyen a Bolivia. Esto último se torna preocupante al saber que la Associated Press (AP) obtuvo, a fines de mayo, un documento de la inteligencia israelí indicando que los gobiernos de Venezuela y Bolivia están proporcionando uranio a Irán, que como sabemos está empeñado en construir armas atómicas. Si eso es cierto, la asociación Ahmadineyad-Chávez tiene implicaciones más amplias: al amparo de sus lazos con Chávez, los iraníes han establecido en Caracas una base de operaciones para el grupo terrorista Hezbollah, que ellos patrocinan, y el cual también tiene, lo mismo que Hamas, una activa presencia en la Triple Frontera que une a Brasil, Paraguay y Argentina.

A finales de abril, un informe del Departamento de Estado señaló que desde 2007 Nicaragua está "concediéndoles a los ciudadanos iraníes la entrada sin visa". Esto preocupa, dadas las cálidas relaciones que Ortega ha buscado con Irán y Ahmadineyad. Ortega mezcla lo anecdótico, como darle al presidente iraní la Medalla de la Libertad y la Medalla Rubén Darío -dos de los más altos honores nicaragüenses- con lo sustancialmente grave: bajo su gobierno, Irán ha abierto una masiva embajada en Managua, creando inquietudes sobre las verdaderas intenciones iraníes, ya que el número de supuestos “diplomáticos” excede por mucho lo normal. Asimismo, hay reportes de prensa acusando a los iraníes de infiltrar miembros de los Guardias Revolucionarios con una cobertura diplomática. Cabe señalar que el intercambio comercial de Irán con Nicaragua, y en general con Latinoamérica, es minúsculo.

La atención del mundo está centrada en las violentas medidas tomadas por el gobierno de Irán contra los manifestantes opositores y en su programa nuclear. Pero no debemos olvidar que la creciente intromisión de Irán en América Latina plantea una amenaza a la estabilidad de la región. Es vergonzoso que Chávez y Ortega hayan prodigado elogios a Ahmadineyad y respaldado su “elección”. Mientras el régimen iraní ha estado matando a manifestantes, Venezuela y Nicaragua lo aplauden e increpan a sus críticos. Una vez más, al escoger lo que consideran ejemplos a seguir, Chávez y Ortega demuestran su verdadera vocación autoritaria.

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* Director del Centro de Estudios Latinoamericanos, Hudson Institute, Washington.
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