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Cuando el gobierno le teme a la gente, hay libertad. Cuando la gente le teme al gobierno, hay tiranía. Thomas Jefferson
Manuel F. Ayau
Manuel F. Ayau *
Todos ganan
20 Ago 2009
Si un trabajador al utilizar una máquina cuadruplica las unidades que produce, el dueño de la empresa puede doblarle el salario y todavía el costo de mano de obra por unidad se reduce a la mitad. En cambio, si los aumentos de salarios incrementan el costo unitario, esos aumentos se trasladarán a los precios. La razón es que todos los costos –incluyendo el costo del capital y de los impuestos- tienen que ser cubiertos por lo que paga el consumidor. Si no, ¿quién los absorbe? Y si el aumento de los precios anula los aumentos de salarios, el poder de compra permanece igual. Por ello, los salarios reales pueden incrementarse solamente cuando aumenta la productividad del trabajador, lo cual reduce el costo por unidad producida.

Los pobres, cuyos bajos ingresos no les permiten ahorrar, se benefician con el aumento de la productividad, aprovechando el ahorro (el capital) de los ricos porque ese ahorro necesariamente es invertido, aunque su dueño lo deposite en cuentas bancarias, ya que los bancos lo prestan a quienes sí lo invierten. Así, cuando hay oportunidades atractivas de inversión, los ahorros se convierten en bienes de producción (maquinarias) que, al aumentar la productividad del trabajo, reduce los costos laborales. No importa que el propósito de la inversión en “la máquina” sea aumentar las ganancias del rico porque, para hacerla rendir, cada inversión necesita atraer y competir por trabajadores, ofreciéndoles mejores condiciones.

Eventualmente, la competencia entre productores hace que esa economía en los costos se traslade a los precios y, por ende, aumenten el ingreso real de quienes compran los productos. Y ese aumento general en el poder de compra, a su vez, crea oportunidades de nuevas inversiones que igualmente motivarán otros aumentos de salarios, generando así un círculo virtuoso enriquecedor.

El trabajador no tiene que ahorrar para ser dueño de la máquina porque, indistintamente de quién es el dueño, ese capital aumenta su productividad y baja los costos por unidad producida. Cuando aumenta la demanda de mano de obra porque las empresas invierten más, paralelamente se incrementan los salarios, lo cual entonces requiere nuevas inversiones para que no aumente el costo de producción por unidad.
Por ejemplo, cuando crece la demanda de viviendas hay más construcción. Entonces aumentan los salarios de los albañiles, lo cual obliga a “mecanizar” para que no suban los costos por metro cuadrado de construcción y para que los precios sigan siendo accesibles a los compradores, que son los mismos trabajadores. Pero si no concurren otras inversiones que demanden mano de obra, el beneficio del aumento de la productividad no se traslada al trabajador.

La realidad es que los trabajadores se benefician de tres maneras por cada inversión del rico. Primero, porque empujan los salarios hacia arriba para lograr conseguir trabajadores adicionales. Segundo, todos se benefician de la baja de los precios (o de que estos no aumenten) debido al aumento de la productividad. Y, tercero, por el aumento general de la demanda de mano de obra para poder producir más.

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* Rector emeritus, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala.
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